¡PÁSMATE CON LA PASMA! (Hoja del diario nº 728)
viernes, 09 de mayo de 2008 19:57
Ni es la primera vez ni con seguridad representa el último caso por contemplar, pero desde luego por las dimensiones que parece tener en cuanto a la implicación de agentes y a la estructura firmemente ligada en jerarquía al más alto mando de la policía Local de Coslada, la cosa promete convertirlo en uno de los mayores escándalos conocidos en plena democracia con implicación de las fuerzas del orden. Y no me cabe duda de que por su naturaleza producirá una gran indignación, pero también sensación de inseguridad, en quienes se acerquen a este caso, al comprobar cómo quienes tienes en sus manos garantizar el orden y la seguridad de un lugar se convierten en los principales agentes subvertidores de tal orden y seguridad, abusando de la autoridad que se les confió y traicionando la confianza de la ciudadanía en su beneficio propio. Auténticos chorizos amparados en un uniforme y en unas atribuciones que multiplican lo odioso y depreciable de todo delito.
Y no nos engañemos, ni la variedad de imputaciones ni el tiempo que llevaban produciéndose permiten creer en algo improvisado o puntual sino, más bien, en una acción metódica, perfectamente estructurada y diseñada, garantizada en la discreción bajo la amenaza, el pago de favores o el consentimiento de muchos otros. Y con detalles que han trascendido, y que de ser ciertos hablarían del clima de impunidad en el que se movían, como lo de que, al estilo de los yakuza, la mafia japonesa por excelencia, sus miembros llevaran tatuada la palabra "bloque" en su cuerpo, me determinan a pensar que han fallado los criterios de selección, los elementos de control, los canales de denuncia independientes para poner luz sobre esos comportamientos y hasta la tutoría política sobre el funcionamiento de esta auténtica mafia policial cuyo castigo, y lo creo firmemente, debe ser enormemente duro y ejemplar, si se prueba todo lo conocido, por su propia condición de agentes del orden y porque, como ya expresé unas líneas arriba, dicha condición multiplica lo execrable y grave de sus conductas.
Tampoco debe dejarse a un lado que casos como este miden la salud de nuestra democracia que debe garantizar que jamás el poder, tampoco el policial, se utilice contra los ciudadanos y debe poner los medios para que antes de actuar contra los delitos así cometidos existan sistemas de control que hagan casi imposible siquiera intentarlo. Y una vez cometidos, ni una duda, castigos ejemplares para una pasma que sólo merecerían el mayor de los desprecios y la más dura de las condenas tipificadas.
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Comentarios
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Lo que llama la atención es el silencio sobre la responsabilidad política de quienes no han sabido atajar la tropelía o la han consentido. O bien no escuchaban a sus ciudadanos o se sentían cómodos con la situación.
un daimieleño - 13/05, 12:46