El entonces juez Gómez de Liaño fue condenado por prevaricación cuando tuvo la osadía de enfrentarse al coloso Polanco. Si hubo motivos o no fue una polémica que generó mucha prensa en su momento y algún recurso como el que ha dado lugar a la noticia de que el Tribunal de Derechos Humanos, en Estrasburgo, ha considerado que el juicio celebrado estaba contaminado por la presencia de tres magistrados que habían intervenido en la instrucción. Osea, que no se celebró en las condiciones de imparcialidad que debiera exigirse en el alto tribunal o en cualquier instancia judicial. Esto no parecería tener discusión porque hasta el propio periódico parece admitirlo en un artículo que se publica hoy mismo y que empieza diciendo:
"El Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH) ha condenado a España a indemnizar con 5.000 euros al ex juez Javier Gómez de Liaño por daños morales al haber sido juzgado por un tribunal que no era imparcial. En realidad se trata de un defecto técnico.
Los tres magistrados que le condenaron carecían de la necesaria imparcialidad objetiva porque habían participado en algunas resoluciones durante la fase de instrucción. Y los jueces que instruyen no pueden juzgar. Es doctrina consolidada del TEDH, que ya condenó a España el 28 de octubre de 1998 en el caso Castillo Algar por idéntica vulneración del artículo 6.1 del Convenio Europeo. El Supremo español lo sabía, pero no hizo caso. Ahora España ha sido condenada, si bien el único efecto de la sentencia es la indemnización para Liaño."
Atención a lo del defecto técnico, minimizando el hecho de haberse saltado conscientemente las reglas de juego.
Pero el objeto de esta página va más por el resto del artículo porque el magnífico periódico que se convirtió en emblema de la transición ha caido desde hace tiempo, como la mayoría de la prensa española, en el amarillismo más vergonzante, y lejos de criticar la usurpación del poder judicial por el político, la presión de los grupos de poder para poner y quitar peones afines y falsificar la justicia, en vez de señalar el hondo daño que el intervencionismo de los partidos ha causado a la idea natural de justicia, en vez de recalcar que aquel proceso resultó una farsa, independientemente de que el juez mereciera o no la condena, y que había que rescatar a Montesquieu de las garras de tanto truhan interesado, se despachan con un resto de árticulo merecedor de pasar a los anales de la infamia periodística que, para colmo, firman unas iniciales, J.Y./R.G.G., que tienen pinta de bachilleres meritorios usados para la cuestión:
"El Tribunal Supremo condenó en octubre de 1999 al entonces juez de la Audiencia Nacional por un delito continuado de prevaricación judicial (dictar a sabiendas resolución injusta) a las penas de 18 meses de multa, a razón de 1.000 pesetas diarias, y a 15 años de inhabilitación especial para cargo público con la pérdida definitiva de su cargo de juez y los honores que le eran anejos.
Los magistrados consideraron que las tres resoluciones dictadas por Liaño en el caso Sogecable constituían "la manifestación de una instrucción en forma contraria al derecho, sin sujeción a la ley vigente". Liaño, según el Supremo, "abrió en falso" el caso Sogecable, persiguiendo por apropiación indebida unos hechos en los que no había damnificados.
Liaño llegó a imputar a Jesús de Polanco, presidente del Grupo PRISA y editor de EL PAÍS; al consejero delegado, Juan Luis Cebrián, y a todos los miembros del Consejo de Administración de Sogecable. La Sala de lo Penal, en una actuación sin precedentes, le fue revocando una tras otra, hasta en siete ocasiones, todas las resoluciones arbitrarias que iba adoptando."
Y para remate un final apoteósico:
"Liaño se empecinó, volvió a decretar el secreto del sumario cuando precisamente el tribunal le había obligado a levantarlo y adoptó varias resoluciones más por las que finalmente fue condenado. Luego, fue indultado por el Gobierno del PP y, aunque volvió a la judicatura unos días, ahora se dedica a la abogacía, donde ejerce de defensor de narcotraficantes, de acusados de la Operación Malaya y del capo de la mafia rusa Zakhar Kalashov."
Es curioso el contraste con el tratamiento que le dan a la noticia el resto de medios periodísticos no polanquistas. Y ojo, que yo no defiendo la inocencia porque desconozco el asunto en profundidad, pero creo que el artículo en cuestión habla por sí mismo.