Leo la noticia de que para acceder a la Sanidad Pública Vasca lo que de verdad tiene valor es conocer y hablar euskera, para lo que se otorga en el baremo establecido hasta dieciséis puntos, algo que multiplica por cuatro cualquier valor académico que pudieran aportar los aspirantes, por ejemplo un doctorado, tasado en cuatro, comparativamente, miserables cuatro puntos. No les importa, al parecer, demasiado la capacidad profesional, los méritos profesionales, la brillantez del currículo, sólo parecen estimar el dominio de una lengua reduccionista, discriminatoria así usada, que es capaz de superponerse a la calidad del propio sistema cuando se le otorga una preminencia injustificada y se pretende únicamente instrumentalizar políticamente algo tan delicado como el sistema sanitario. Y le llaman inmersión lingüistica, porque esta gente desde hace mucho no esconde sus intenciones, y aunque no dudo que en ese filtro lingüistico entren también buenísimos profesionales nadie en su sano juicio podrá justificar que otros muchos igual de excelentes se vean excluidos por auténticos mediocres, eso sí, vascoparlantes.
Porque se da el caso de que nadie que no hablase esa lengua, sumando el valor total posible de los demás apartados, podría igualar a quien certificase el máximo nivel de euskera aunque éste no pudiera aportar más título o mérito que ese, y lo haría a costa de menospreciar a profesionales cualificadísimos y capaces de mejorar ampliamente el servicio sanitario vasco.
Pero lo peor es la absoluta impunidad con la que lo hacen, el consentimiento del que gozan para sus perogrulladas discriminatorias, el cómo se pasan por allí mismo la supuesta igualdad de oportunidades y derechos de todos los que vivimos en este país. Y lo hacen, como siempre, haciéndose las víctimas, queriendo hacernos sentir culpables por nuestra falta de sensibilidad, nuestra incomprensión de su identidad cultural, nuestra persecución contra ellos, nuestros prejuicios contra su lealtad, que hace falta tener tanta desfachatez e hipocresía, y padecer de tanta fiebre demagógica para seguir tirando de semejante falsa vaina.
Pero como ya se ha levantado el listón hasta tal punto, como nuestros políticos se sienten tan acomplejados que miran hacia otro lado, los desmanes continúan y se juega con fuego en materias como la sanidad, la educación y la justicia sin ningún impedimento. Y todos salen perdiendo, todos, excepto aquellos que sólo profesan la intención de excluir a quienes no piensan y entienden la realidad como ellos. Y aunque me jode utilizar la palabrita, casi nunca la uso, no me queda más remedio que pensar en ella para definir ciertos comportamientos, fascistas, y no hace falta otra cosa que acercarse a conocer la historia.